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Altermonetarismo

De Indianopedia

El altermonetarismo es algo más que una propuesta de utilización de monedas locales, alternativas o comunitarias. Es sobre todo una reedición de la utopía de la moneda sin interés.

No debe confundirse con la idea de una moneda P2P de ámbito transnacional no controlada por los estados sino exclusivamente por el mercado.

Origen feudal

Las grandes ferias fueron el verdadero momento de cambio en la Revolución comercial medieval. Hasta entonces el uso de moneda era muy escaso en la Europa cristiana, los tributos se pagaban en especie y las clases altas tenían como fuente de riqueza e incluso como sistema de pago o dote entre ellas el dominio sobre la propiedad de la tierra.

Ver también: Antimercatismo y anticonsumismo y Comercio justo
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Pero en las ferias la moneda resurge y con ella unos peculiares artesanos: los cambistas. Sus tiendas tendrán un banco o una mesa a la calle donde las monedas, a la vista en pequeñas montañas, indicarán a los comerciantes forasteros. Cambian monedas pero también metales con lo que se convierten pronto en los principales suministradores de las cecas y a pesar del monopolio sobre la exportación de los acuñadores, en exportadores ellos mismos de metal para monedas.

La Iglesia no había tenido doctrina alguna contra el uso de moneda, aunque la moneda y las joyas aparezcan una y otra vez como metáfora del lucro y por tanto de la avaricia. Pero los tratará junto con los usureros (quienes practican el préstamo con interés), aún más abajo en la escala social que el común de los mercaderes. Ni siquiera serán considerados vergonzantes sino, peor áun, pecadores por el origen mismo de sus ingresos.

La causa es a la vez social, económica y doctrinal. Nada como la moneda simboliza el ascenso de los mercaderes artesanos, ningún símbolo cotidiano les representa mejor en su irreverencia por las fronteras feudales. Fronteras que son ante todo estamentales, de clase, pero que ellos rompen también territorialmente con el viaje de comercio y las ferias. Cambiar monedas es diluir el poder secular que los papas acaban de hacer feudatario tras el sometimiento del emperador Enrique IV, supone tomar una prerrogativa divina para diluir las divisorias últimas de los derechos feudales. Si las monedas pueden ser cambiadas -y han de serlo para el comercio- ¿para qué dividió el mundo Dios entre los príncipes? Peor aún, cuando los señores les compran metales o monedas, ¿no están sometiéndose a esta capa sin lugar en el orden divino?

Pero la objeción de la Iglesia a los cambistas no se relaciona en vano con el tipo de interés. Los cambistas se encuentran ciclicamente con excedentes de moneda o metales. Acostumbrados a trabajar en red empiezan a aceptar un nuevo instrumento llegado del Mediterráneo que impulsará aún más el comercio y las ferias: la letra de cambio. Las mesas (de cambio) se separarán de los bancos (de crédito) especializándose el primer sector financiero moderno. La Iglesia se da cuenta de que el cambio de monedas, el tipo de interés y el comercio no local están unidos inseparablemente. Frente al viejo sistema feudal, estático, con sus monedas con poco uso y escasa extensión social que no llevaban parejas el uso del interés, en el nuevo sistema emergente, el descuento es el motor de todo. Y resulta explosivo: en menos de 200 años los mercados se expanden e interconectan como no lo han hecho en los 500 anteriores juntos.

Pero en el cristianismo, aunque la Iglesia finalmente -unos siglos después- acabará levantando la prohibición sobre el tipo de interés, siempre quedará esa nostalgia de una sociedad estamental basada en monedas locales no convertibles y por tanto ajenas al cobro del riesgo (el tipo de interés, malvada usura) asociado al comercio a larga distancia.

En la práctica histórica el sistema financiero, el crédito, siguió creciendo hasta convertirse en el verdadero tejido de la economía, pero una vez más, el siglo XX conocería un verdadero revival del sueño localista al otro lado del Atlántico.

Resurgir contracultural

En EEUU los pánicos bancarios de 1895 y 1907 habían abierto la necesidad de dotar al estado de un Banco Central parangonable a los europeos. El debate sobre Ley de acuñación de moneda y banca que culminaría con la aprobación de la Federal Reserve Act no sería sin embargo luego un trámite: duró casi una década porque involucraba el propio concepto federal y las relaciones entre el capital y la estructura política.

Un debate tan complejo, largo y con tantos intereses en el medio es el terreno ideal para conspiranoicos de todo tipo. No hay que olvidar que estamos en los primeros años tras la muerte de Henry George, el verdadero padre del populismo norteamericano. Cuando nace la Reserva Federal, quitando el privilegio de acuñación de moneda y emisión de billetes a los bancos privados, el georgismo, con su inevitable secuela de teorías simplistas al gusto de las clases medias menos ilustradas, no es ya una fuerza de primera magnitud, pero forma parte establecida de la marginalidad política americana. Y la idea de una banca local con sus propias emisiones de moneda, dando crédito sin interés a las PYMEs, siguió ahí como parte de la utopía moral del EEUU libertario y aislacionista. Tanto es así que el relato (falso) del nacimiento de la FED ha perdurado hasta hoy con el famoso documental conspiranoico Zeitgeist.

Un runrún conspiracionista que se une a la reciente resurrección -a la que no ha sido ajena la prensa de gran tirada- de Silvio Gesell. Vegetariano ético, continuador de George y con experiencia comercial en Suiza, Alemania y Argentina, acabaría como Comisario del Pueblo de Finanzas en la efímera República de los Consejos de Munich durante la revolución spartakista de 1919. Allí intentaría testar -durante la escasa semana de gobierno obrero- su freigeld (moneda libre), base de su Economía Natural, una versión ampliada del sistema de Henry George.

Pero su reciente resurreción se debe a sus seguidores y epígonos. En 1934, tan sólo cuatro años después de su muerte surgirá en Suiza el banco WIR, un intento serio de demostrar la viabilidad de la freigeld y la innecesariedad del interés. Pero WIR, en realidad una cooperativa de crédito, abandonó el modelo de Geseell en 1952 empezando a utilizar el interés (y creciendo hasta alcanzar un valor en balance de más de 500 millones de euros).

Pero esto no conseguiría acabar con el sueño de la moneda libre de interés. La misma crisis del 29, la Guerra Civil española o el corralito argentino, al poner en jaque el dinero como medio de cambio, impulsaron a la gente a reinventarlo usando desde bonos descuento a papel moneda emitido localmente. Monedas que no deben confundirse, aunque la prensa lo haga, con divisas alternativas, pero que en los últimos años han dado fuelle como ejemplos al último epígono de Gesell: Bernard Lietaer y su idea de las monedas complementarias locales. Habiendo recibido la cobertura de la gran prensa y generado un pequeño ámbito investigador, con conferencias en los TED y un nutrido grupo de seguidores] al que se han unido -quién si no- los decrecionistas de las Transitional Communities, no se puede negar que Lietaer haya conseguido eco.