El país llamado a
De Indianopedia
Historia
El 4 de enero de 2008 Hector Milla presenta en su blog el proyecto de “el país llamado a” [1]. Inmediatamente la blogsfera dospuntocerista y la prensa lo aclaman en España como el primer país virtual:
Auge y caída
La propuesta recibe miles de seguidores en los primeros días animada por la insistencia en que el nuevo país virtual (que tanto recuerda a la Freedonia de una década antes)
| no renuncia en el futuro, si sus ciudadanos lo decide y se dispone de los recursos necesarios, a adquirir un pequeño territorio jurídicamente adecuado en cualquier lugar del mundo, que les permita convertirse también en Estado. |
Los 11 años de distancia con Freedonia apenas eran moderados por adherencias de dospuntocerismo y Sionismo digital:
| Nuestro país ya existe, y en él utilizamos todo tipo de plataformas como Flickr, Upcoming, Twitter, Jaiku, Dopplr, etc., además de nuestro propio entorno visual para comunicarnos y compartir una identidad común. |
La idea central del País llamado a era un ejemplo de libro de participacionismo: la comunidad se formaría por libre agregación, sin necesidad de una identidad previa.
Rapidamente se dotó de gobierno, bandera[2], página web, cuentas de twitter[3] y facebook[4] y hasta de moneda propia[5]. Tras numerosas votaciones para poner en marcha una constitución y todo un simil de estado, la iniciativa murió tan rapidamente como había nacido[6].
Crítica indiana
El país llamado a</em> fue en realidad, como Freedonia, su antecesor más de una década antes, un juego de rol. A diferencia de este se pensó democráticamente desde el principio, pero como toda forma democrática que no parte de definir un demos, un quién, se desinfló solo. Todo un ejemplo de participacionismo. Los humanos nos juntamos con otros humanos concretos en la perspectiva de un hacer común, no sólo para elaborar reglas para dirimir los conflictos que se produjeran en un hipotético e indefinido hacer.
Ese necesario hacer puede ser, simplemente, desarrollar un tipo de conocimiento particular, un saber, o simplemente sostener una conversación sobre la base de algún tipo de afinidad. Pero aún entonces, en el terreno de las comunidades conversacionales, el quién importa. De hecho importa tanto como el para qué.