Pollo Sabbatai Zeví
De Indianopedia
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La leyenda de Sabbatai Zeví
| 16 de septiembre de 1666 era vulgar. Sabatai Zeví, el verdadero Mesiah, reconocido por todos los piadosos, temido por los emperadores españoles, rey de Israel, se convierte al Islam frente al sultán de los turcos. Marra. Sumergido él en la abominación, seguirán sus pasos los más fieles, los más puros.
Estrictamente el tiempo acabó entonces. Nada será ya nada. No habrá identidad nunca más. A las espaldas queda un pueblo culpable que ocultó su identidad divina, que se escondió en la apostasía. Igual harán Sabatai y sus santos. Suprema shoah la del yo y del nosotros. Fin de los tiempos. Fin de los nombres. Extraño camino el de la pureza al que sólo se llega por la máxima inversión, por el máximo pecado, la máxima negritud. De la secta criptojudaica, libertina a veces, mística siempre, sólo quedarán los rastros de casi medio millón de personas que en los años veinte la formaban, cuando un niño criado en sus escuelas se haga llamar de nuevo, como Zeví, padre de los turcos: Ataturk. ¿Pero que fue mientras de aquellos que creyeron en Sabatai pero no le siguieron al abismo?. Gabriel Albiac lo estudia en un libro increible ya clásico: La sinagoga vacía: Perdido el camino de la esperanza mesiánica (es decir, el de la esperanza sin más), los marranos -como Uriel da Costa, como Spinoza- que huyen de la Inquisición, fracturan irremisiblemente su identidad ante la pureza rabínica. Espejo roto, imágenes multiplicadas, descubren al hombre moderno... o lo configuran. Existir en el mundo de las redes (físicas entonces, virtuales hoy) es romperse en mil imágenes incompletas (marranas, de "marrar", es decir, faltar) que brillan y se apagan sin sentido final, sin esperanza. Escribir en estos tiempos es pues hacer de negro y nada más. Negro de nuestros propios yoes o de los de otros. ¿Qué importa? El otro no puede ser más que imagen rota del mismo espejo. |
David de Ugarte, noviembre de 2002 (publicado originalmente en Almacen)
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Ingredientes
- 1 pollo entero vaciado
- El zumo de una naranja acida
- Una mandarina
- Ciruelas pasas
- Una taza de miel
- Aceitunas negras
- Sal
Preparación
Exprimimos la naranja y mezclamos el zumo con miel hasta quedar de una textura densa.
Lavamos y limpiamos el pollo, ampliando el hueco interior al máximo y rellenándolo a presión con las aceitunas, las ciruelas pasas, la mandarina en gajos y la corteza corteza de la naranja en trozos. Cosemos o cerramos con un palito.
Untamos el pollo con miel disuelta en el zumo de naranja ácida y lo metemos al horno a 210 grados. Cada 30 minutos le damos la vuelta y añadimos miel de nuevo sobre la parte superior
Presentación
Preséntese en tajina de barro rodeada de flores de azahar o en su defecto, margaritas.